INNOVACIÓN, RENOVACIÓN Y MEJORA CONTINUA ¿Por qué no innovamos? [Agustín Argelich]

Innovar es hacer algo de una forma diferente a la habitual o establecida. La innovación debe perseguir que el proceso se efectúe de forma más eficiente, utilizando menos recursos, sin malgastar ni tiempo ni energía. Innovar debería ser un proceso natural, permanente, consustancial a la condición humana. De hecho, nadie cuestiona la necesidad de innovar, pero la realidad es que cuesta que innovemos. A la hora de la verdad se presentan múltiples dificultades. ¿Por qué no innovamos? ¿Cómo resolver el dilema de la innovación?
Cristóbal Colon era un innovador. Fue el descubridor de América de casualidad. El buscaba un camino más corto para llegar a las Indias, no buscaba un nuevo continente, simplemente se cuestiono la forma en que se hacia una cosa, busco una solución más eficiente, un camino más corto. Era una persona de mente abierta. Obtuvo un gran éxito, no el que él se esperaba, si no uno mucho mayor. Su afán innovador realmente aporto mucho a la humanidad.
Ahora somos una sociedad poco innovadora y poco ambiciosa y esta actitud no es buena. ¿Por qué no es buena? Porque genera pobreza. Un claro ejemplo de inmovilismo generador de pobreza son las sociedades comunistas, se quedaron ancladas ideológica y tecnológicamente. Solo hay que observar los coches que todavía circulan por Cuba. ¿Por qué no innovamos? Pues simplemente porqué no innovar es más cómodo. Innovar cuesta más que no hacerlo. La actitud del comodón tiene una recompensa inmediata de efímera satisfacción. Innovar como todo lo que vale algo en la vida requiere un esfuerzo y además tiene un riesgo. Podemos equivocarnos. Podemos perder dinero y tiempo y hasta nuestro puesto de trabajo. La actitud de no riesgo, de no compromiso está muy extendida. Complicarse la vida tiene mala prensa. Es la sociedad negativa que tiene pánico al fracaso. Hemos sido educados en negativo, cuidado no te equivoques, no te hagas daño. Castigamos demasiado la equivocación, premiamos poco el éxito. No destaques, se discreto, no molestes. No aceptamos que para mejorar hay que esforzarse y digerir muchos fracasos. No pasa nada por fracasar, por equivocarse. Hay que perdonar hasta siete veces siete. Hay que intentar prosperar hasta siete veces siete, es decir, siempre. El cambio siempre representa un riesgo. Vivir también. Quedarse en casa también tiene menos riesgo. Debemos recordar que la omisión no es una acción correcta, significa dejar de a hacer una cosa que deberíamos de haber hecho. Existe el pecado de omisión.
No hacer nada debe siempre plantearse como una opción a la hora de afrontar un problema, pero casi nunca es la decisión adecuada. Nunca lo es en situaciones de crisis, en las cuales no actuar genera una catástrofe. Es más, al analizar la opción de no hacer nada, de continuar igual, veremos las consecuencias que nos presenta esta alternativa. Es aconsejable siempre contemplar esta opción para deducir que no hacer nada prácticamente siempre tiene más riesgos que hacerlo. El retraso injustificado en la toma decisión hace que después sea mas difícil solucionar el problema. Procrastinar se llama en castellano a esta actitud. Es un verbo feo, recuerda al verbo castrar.
Falta ambición, sana ambición. No es malo ser ambicioso, al contrario es importante fijarse objetivos ambiciosos, permite prosperar. De entrada porque generalmente, si son suficientemente ambiciosos nunca se alcanzan y así se nos presenta la oportunidad de volverlo a intentar, de entrar en el círculo virtuoso de la mejora continua. La ambición no debe confundirse con la codicia. Si se alcanzan los objetivos demasiado rápido seguramente es porque no merecen el calificativo de ambiciosos. Es como lo del estrés. Lo explica el Doctor Mario Alonso Puig en su libro “Vivir es una necesidad urgente”, hay un estrés positivo (eustrés) y otro negativo (distrés), explica que sin estrés positivo no es posible sobrevivir. De forma análoga hay una ambición positiva y una negativa. Sin ambición, sin deseo de prosperar, sin innovación, nuestras empresas no sobrevivirán. Por tanto hay que evitar el estrés negativo y potenciar el positivo. Lo mismo pasa con la ambición hay una ambición sana y ésta hay que potenciarla y educarla. Y por tanto hay que premiar a quien la aplica, al innovador, al emprendedor, al empresario. El empresario en nuestra sociedad tiene una fama terrible, alguno hay que se la merece, pero son absoluta mayoría los que se dejan la piel y el dinero.
Las montañas siempre es mejor subirlas por la pendiente suave, hay muchas mas posibilidades de coronar la cima con éxito. El camino es más largo, se anda más pero es más seguro. Evolución frente a revolución. Mejora constante, no ir a trompicones. Se impone por tanto implantar una cultura de innovación constante, de permanente evolución, eso es lo que deberíamos hacer.
Analizar cómo cambia el mundo y como nos afectara el cambio para intentar adelantarnos. Es la estrategia del corredor de slalom. Cuando uno se enfrenta a un slalom especial debe haber girado antes de alcanzar la puerta, porque si se no pierde la traza, se salta la puerta y lo descalifican. Es decir debe avanzarse al problema. El esquiador mira siempre hacia adelante y se prepara para la siguiente puerta, para superar la próxima dificultad.
Todas las empresas deberían disponer de un equipo de estrategia, que analizara cómo evoluciona la sociedad, la competencia y prepare en consecuencia las innovaciones que debe aplicar a sus productos y servicios. Análisis. Falta análisis.
Toda creación empieza en la imaginación, primero la visualizamos en nuestra mente. La innovación por tanto empieza también en nuestra mente. Alguien en las empresas debe ver cómo será la empresa en el futuro. Por ejemplo, en Norteamérica es un alago llamar a alguien visionario, aquí suena a fantasma.
Debemos copiar a la naturaleza, cada año labramos, abonamos la tierra, sembramos, regamos y cosechamos. Es el ciclo de la vida, la renovación constante, la innovación constante. Preguntarse, pensar y meditar, buscar la mejor solución, diseñar alternativas, comparar opciones, decidir, actuar, tomar decisiones, analizar los resultados, efectuar los ajustes necesarios y volver a empezar.
¿Por qué entonces nos falta esta motivación para la innovación, cuando de hecho es la opción más natural y más inteligente, la más lógica? La vida es como es, un esfuerzo constante, un camino, una mejora, una innovación. Tiene sentido innovar. De hecho no nos queda otro remedio. Hay que aceptar la vida, la realidad tal como es, no como nos gustaría que fuera, está llena de oportunidades, pero hay que esforzarse. Como tengo una posición de dominio en el mercado puedo permitirme ser ineficiente, es una actitud propia de antiguos regímenes. La realidad terminará con esa posición si no se defiende y la forma correcta es ganándose cada día la posición de liderazgo, no manteniéndola por prerrogativa o legislaciones injustas.
“Las personas solo cambiamos de verdad cuando nos damos cuenta de las consecuencias de no hacerlo” dice el Dr. Mario Alonso Puig. A las empresas les debe de pasar lo mismo. El riesgo es que nos demos cuenta demasiado tarde. Los signos de que debemos cambiar están ahí, no nos neguemos a verlos. Pensar que no hay necesidad es una mala actitud.
Un innovador no es un amante del riesgo, es un señor que sabe gestionarlo y que acepta que vivimos en un mundo incierto, pero que ha entendido que lo peor es no hacer nada. La cultura nihilista es destructiva.
Entrar en el círculo de la innovación es una decisión inteligente, llena de sentido, porque es como la vida anochece y amanece, y ningún día es igual al anterior.
[Agustín Argelich]